Tarot en Bilbao

Akelarre, sorginak y eguzkilore: palabras vascas con historia esotérica

Flor seca de cardo en forma de sol clavada en una puerta antigua de madera, junto a un muro de piedra

Hay palabras del euskera que se usan en Madrid, en París o en Buenos Aires sin que quien las dice sepa de dónde vienen. Akelarre es la más conocida. Tiene detrás un prado, un animal y un juicio de la Inquisición.

Akelarre

La explicación más repetida es que viene de aker, macho cabrío, y larre, prado: el prado del macho cabrío. Ahí se suponía que las brujas se reunían de noche con el demonio, que tomaba esa forma. Hay estudiosos que creen que la palabra la difundieron los propios jueces y no los vecinos, pero el significado no cambia.

El nombre se hizo famoso en toda Europa por los procesos de brujería de principios del siglo XVII en la frontera navarra, con Zugarramurdi como pueblo más conocido. En 1610 hubo en Logroño un auto de fe con condenas a muerte. Uno de los inquisidores, Alonso de Salazar y Frías, investigó después muchas de las confesiones y concluyó que no había pruebas de nada de aquello. Su informe pesó para que en adelante la Inquisición española fuera mucho más escéptica con las acusaciones de brujería.

Hoy «akelarre» se dice de cualquier reunión nocturna con aire de misterio. También de una cena de amigos que se alarga. La palabra ha perdido el miedo.

Sorgin y sorginak

Sorgin es bruja, y sorginak, el plural. En las leyendas recogidas por Barandiarán las sorginak no son siempre malvadas: muchas veces aparecen como servidoras de Mari, y su papel depende del pueblo y de quién cuente la historia.

Lo que pasó en los procesos fue otra cosa. A personas de carne y hueso, la mayoría mujeres y muchas de ellas mayores, se las acusó de ser sorginak a partir de rumores entre vecinos, y algunas murieron por ello. Conviene no mezclar el personaje de cuento con esa historia.

Eguzkilore

Quien pasee por un pueblo de Bizkaia verá, clavada en la puerta de algunas casas, una flor seca, grande, redonda, con forma de sol. Es el eguzkilore, «flor del sol», el cardo silvestre que los botánicos llaman Carlina acaulis.

Se pone para proteger la casa. La leyenda dice que los seres de la noche, al ver la flor, creen que es el sol y no se atreven a entrar. Otra versión más divertida: antes de pasar tienen que contar todos sus pelillos, y les da el amanecer contando. Hoy se vende en tiendas de recuerdos y se regala en cerámica o en plata, pero en muchos caseríos se sigue usando la de verdad.

Estas palabras junto a una baraja

Ninguna de estas tradiciones tiene que ver con el tarot, que es italiano y francés. Pero las tres sirven para entender cómo se ha vivido lo esotérico en el País Vasco: con una mezcla de respeto, humor y miedo heredado.

El eguzkilore es protección sencilla, de puerta de casa. El akelarre recuerda lo que pasa cuando el miedo a lo oculto se convierte en acusación. Y las sorginak, en su versión de cuento, son mujeres que saben cosas.

Con esas tres ideas se puede abordar una tirada en Bilbao sin perder la cabeza. Mirar las cartas como se mira un eguzkilore en una puerta: con gusto por la tradición, sin creer que una flor seca decida nada. Las historias completas de Mari y las lamias están en este otro artículo.

También en esta web: Mari, la señora de Anboto, y los demás vecinos del monte